Tu halo hace blancas mis palomas,
y no hay más, que esta hora,
de la brisa evaporándose,
desde la herida del café.
Algún ruido que llega,
desde el mundo.
Nuestras manos juntas,
amasando este maná.
y un tango que suena,
claroscuro.
La vertiente intangible,
bajo nuestros pies de seda,
y la espuma que llega,
hasta los besos y la mesa.
Y esta hora de la caracola,
en el ritmo lento de tu cabeza
y la libélula errante en el aleteo,
de tus pestañas de humo.
La carta que llega,
desde el país del deseo.
La huida del retoño del recuerdo,
y sus verdes clandestinos del futuro.
Porque ha quedado inmóvil,
la rueda loca del mundo,
y si sucede algo allá fuera,
reiremos porque ¡no es cierto!
Sube la nube a tu cielo,
cabe un planeta en mi pecho.
Porque llevas tú, la corona,
del que nada pretende,
más que esta hora anónima,
y este pulso de incienso.
¿Por qué no echas
raíz en mi pecho?
Para que desde mi vientre asome,
la única magnolia,
que estalla y quema.
Que la savia de tu aurora,
caiga en mi ojo,
amaneciéndolo.
Cantan los besos que anidan,
en lo brillante y te nombran.
Soy forastero que silba,
paisajes de tren de ida.
Sube tu nube hasta el cielo,
cabe un planeta en mi pecho
porque llevas tú, la corona,
del que nada pretende.
más que esta hora anónima,
y este pulso de incienso
Nota : éste es el poema que más quiero y es el poema que más sabe querer.

